EL RETORNO DE JOSÉ GUERRERO
Casi todos los buenos artistas (e incluso algunos que no son tan buenos) resultan reconocibles a simple vista, por poco que el espectador tenga algún conocimiento de su obra. Entre ellos, José Guerrero no oculta su filiación ni la disimula en forma alguna; basta asomar la vista a la sala donde cuelgan sus cuadros para que la mirada capte de inmediato la fortaleza de un universo creativo en el que el color es el factor dominante. Un color claro, rotundo, fuerte, definido con firmeza, llamando a cada cosa por su nombre (el azul es azul, el rojo es rojo) para en la combinación luminosa de todos ellos proclamar alegremente la vocación lúdica de un artista que ahora, veintiocho años después de su muerte, regresa a Cuenca; naturalmente, a su ámbito apropiado y justo, el Museo de Arte Abstracto de Cuenca, donde estará hasta el 29 de septiembre. José Guerrero, granadino de n...