EL CARDIÓLOGO Y EL JAZZ
Hasta ahora, mi cardiólogo era un señor serio, amable, amparado por un estilo profesional a la vez que con un punto de ironía que ayuda a disminuir la tensión con que el paciente se acerca a la consulta. Hasta ahora, mi cardiólogo era esa persona que me recibe una vez al año, teniendo en la mano (o en la pantalla, que viene a ser lo mismo) los resultados del ecocardiograma que me han hecho unas horas antes y en los que, presumo, él lee cosas para mí incomprensibles pero que intenta explicarme, tras haberme hecho otro electro, tomarme la tensión y aplicarme el estetoscopio por delante y por detrás, buscando esos mensajes misteriosos que los latidos transmiten a través de los mecanismos médicos para decirle a él, mi cardiólogo, cómo van las cosas por dentro de mi cuerpo. Cada año, hasta ahora, el resultado es similar: esto va bien, me dice y me explica los matices de esas líneas misteriosas que sirven para detectar el funcionamiento de mi mecanismo interno. Y nos despedimos, sati...